México, DF. Las operaciones cesáreas triplican el riesgo de muerte respecto a las mujeres que dan a luz en parto natural, y en México más de la mitad de los embarazos se resuelven de esta manera. Esas cirugías también son el principal factor de riesgo para complicaciones en gestaciones posteriores, como alteraciones en la placenta que causan hemorragia, advirtió Mario Rodríguez Bosch, jefe de Obstetricia del Instituto Nacional de Perinatología Isidro Espinosa de los Reyes (Inper).

El experto desarrolló una técnica quirúrgica para atender a embarazadas cuya placenta se adhiere al útero e invade otros órganos. En el momento del parto esta complicación grave, conocida como acretismo placentario, provoca un sangrado incontrolable y la muerte de la mujer.

La hemorragia obstétrica es la segunda causa de muerte de mujeres durante el embarazo, parto o puerperio en el país. Representa 25 por ciento de los decesos y la mayoría se puede prevenir, comentó el especialista en conferencia de prensa.

Señaló que en México se han dado avances en la reducción de la mortalidad materna, pero todavía se reportan alrededor de 900 decesos que dejan alrededor de 3 mil huérfanos cada año.

Comentó que las hemorragias obstétricas se pueden originar porque el útero no se contrae durante el trabajo de parto, por algún trastorno en el proceso de coagulación o por acretismo placentario, entre las causas más frecuentes.

Rodríguez Bosch explicó que entre las diversas alteraciones que afectan la placenta, el acretismo –presente en tres de cada mil embarazos– es el más grave. Detalló que la madre puede morir por hemorragia durante la cirugía, en el momento en que el médico trata de despegar la placenta del útero y de las zonas donde se haya adherido.

En ocasiones el problema es la carencia de un banco que provea rápidamente la sangre para trasfundir a la paciente. Subrayó que el diagnóstico no es suficiente. La alteración requiere manejo de alta especialidad con equipos necesarios para una cirugía y, sobre todo, con personal médico entrenado.

La técnica, identificada con el apellido del especialista Rodríguez Bosch, recoge lo mejor de los dos procedimientos conocidos a escala mundial: la histerectomía, que es el mecanismo tradicional, y el conservador, que consiste en dejar la placenta y esperar a que de manera espontánea sea expulsada por el organismo. Sin embargo, en ambos casos existen complicaciones y las mujeres pueden fallecer, señaló.

Su propuesta consiste en realizar dos cirugías: la primera, para concluir el embarazo sin forzar la separación de la placenta, a fin de evitar el rompimiento de vasos sanguíneos y daños en los órganos adyacentes al útero.

En un segundo momento, dos semanas después y luego de haber aplicado un tratamiento de quimioterapia y un procedimiento en otro hospital para liberar sin riesgos los órganos a los que se adhirió la placenta, ésta se retira junto con la matriz.

Rodríguez Bosch afirmó que el riesgo se reduce al mínimo, pues prácticamente no hay hemorragia ni necesidad de transfusión sanguínea.

En el Inper han sido atendidas 30 mujeres con este procedimiento desde 2004, con un promedio de edad de 29 años y 3.5 embarazos previos. Afirmó que en el instituto pueden ser recibidas las mujeres de todo el país que sean diagnosticadas con esta complicación. Además, se ofrece a los médicos la capacitación para detectar la afectación y controlarla en las mujeres que no cuenten con diagnóstico previo.

(Vanguardia)