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Una “nube redonda” pronosticaba el clima en Mérida

Mérida, Yucatán.-  Cuando Sonia logró desatar, tras varios segundos, la cuerda que sujetaba lo que parecía la compuerta de una nave espacial, desconocía que estaba por revelar, para muchos, uno de los “secretos mejor guardados” de la ciudad de Mérida…

Adentro, la oscuridad contrastaba no sólo con la intensa luz de casi mediodía del exterior, sino del blanco deslumbrante de la pintura que cubre la “enorme bola blanca” sobre el techo del edificio.

Y es que, a lo lejos, lo primero que uno distingue del Observatorio Meteorológico de Mérida es precisamente esa colosal “pelota” que, contrastada con el azul del cielo, puede hacernos pensar, en un golpe de vista, que es una nube “redonda” que se ha posado sobre el techo.

Para muchos meridanos, ver de lejos esa esfera gigante, cuya altura desde su base supera los tres metros, les “avisa” de que han llegado al Observatorio, pero muy poco o casi nada les revela sobre lo que ahí se “guarda”.

¿Qué hay adentro? Por su aspecto, puede decirse que es “una máquina del tiempo”, pero en realidad es algo muy parecido a antena parabólica; es un radar que captaba la señales de un globo sonda, es decir, de un aparato que era lanzado hacia la atmósfera en busca de información para conocer las condiciones del clima.

esfera antena radar meteorológico de meridaEl interior está pintado de negro y de no ser por la luz que entra por la puerta recién abierta, no se vería absolutamente nada. Pero ahora se distinguen detalles como, por ejemplo, lo oxidado de algunas partes de la estructura metálica, signo inequívoco del desuso, del abandono.

Arriba, hacia donde “apunta” la antena sólo puede verse un pequeño agujero que dejaba pasar la luz como si fuera un ojo entreabierto, para captar las señales que enviaba el globo sonda. Así lo explica la “guía” en este terreno -amplio y cubierto de pasto verde- y poco conocido para la gente de a pie: es Sonia Naal Osorio, directora del Observatorio Meteorológico de Mérida, organismo dependiente del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

Sonia habla con autoridad tras 20 años de capacitarse sobre el tema climático, pues en realidad ella estudió administración. Sabe de los procesos, de los tiempos, a tal grado que apenas se sienta en el escritorio y suena el teléfono sabe que es para dictar los valores que reportan cada hora al SMN.

Instrumento por instrumento, la directora explica, además de cómo funcionan, la importancia de las mediciones que realizan día con día -e incluso noche con noche- en el Observatorio; a nivel de tierra, los instrumentos miden las condiciones actuales, las que acaban de pasar. A nivel atmosférico, la información que obtienen les sirve, por ejemplo, para predecir la lluvia.

Entrar al Observatorio es visitar otro mundo, pues aun cuando el ruido -a unos 10 metros de distancia- es intenso por el constante tránsito de camiones y automóviles en la avenida Itzaes, y porque prácticamente está en la “boca” del aeropuerto de Mérida, ninguno de esos “estertores” parece alterar la paz de este lugar… Bueno, sí hay una parte en la que el runrún de los automóviles es hasta molesto: el techo.

Estar en ese pequeño campo abierto, sobre el pasto, permite sentir un sol a plomo, quemante, y las gotas de sudor ruedan casi automáticamente con la humedad del ambiente; es como si la piel “registrara” de esa forma la temperatura, como si se anticipara a la medición de algunos de los aparatos de este lugar.

panoramica desde techo meteorológico meridaPuede decirse que el Observatorio está dividido en tres partes: algunos de los instrumentos medidores se encuentran a la intemperie, a ras de piso; otros, en el interior de alguna de las tres o cuatro “habitaciones” que tiene el edificio, y otros más, en el techo, que es donde se encuentra la “misteriosa” esfera blanca.

Lo más asombroso de todos es que, contrario a lo que puede pensarse, el Observatorio no está lleno de monitores o pantallas en donde uno pueda observar todo tipo de imágenes de radar, de mapas de satélite, de huracanes en ciernes, de bravías tormentas alrededor del mundo.

No, en realidad, pasear el lugar es como un viaje al pasado: los datos se toman con instrumentos muy simples como un recipiente, una regla, un termómetro -de alcohol o mercurio-, sobre papel cuadriculado que una insistente “aguja” de metal raya en interminables subibaja.

Sonia Naal directora observatorio en garita meteorológica meridaLo mismo una placa de metal que se enfría o se calienta o un cabello que se estira o encoge al recibir la humedad del ambiente “mueven” esas puntiagudas agujas que tatúan “picos”… ¿Un cabello! Sí, leíste bien: un cabello, en este caso de color claro, se coloca dentro del instrumento como un sensor de humedad.

También puede ser que, de pronto, ya sobre el techo del edificio, se perciba un olor a papel quemado… no, el olfato no engaña… ¿recuerda haber usado alguna vez una lupa para hacer que la luz del sol encendiera algún objeto? Un heliómetro está haciendo precisamente eso…

¿Qué es este aparato? Es una lupa solo que no luce como tal; es una bola de transparente cristal que semeja aquella con la que los astrólogos leen el futuro; “refracta” los rayos del sol y va dejando “marca” sobre un papel que tiene rotuladas las horas del día. Lo que queda “grabado” es el tiempo de la radiación solar durante el día.

Al momento del recorrido, habían pasado, según el heliómetro, tres horas y un poco más de luz solar, y gran parte de ese tiempo había otra “cosa” que el sol había “quemado”: nuestra piel, porque aquí no hay árboles para “cobijarse” en sus sombras; el lugar requiere que haya la menor interferencia en los registros de los aparatos, y un árbol puede significar un “distractor” para las mediciones.

Sin embargo, hay aparatos que sí están a la sombra; por ejemplo, el anemógrafo, un instrumento en forma de estante de metal, con dos grandes medidores de agujas -muy parecidos al velocímetro de un viejo auto-, uno de los más antiguos que hay en el Observatorio. La directora asegura que ella lo vio desde que llegó por primera vez, y que aún funciona mucho mejor que otros modernos aparatos que han llegado, incluso una coreano que “no dio el ancho”.

Sonia aclara que a pesar de que muchos instrumentos del Observatorio son mecánicos (ahora podrían llamarse “analógicos”), pero las mediciones son “suficientes” para saber lo necesario sobre las condiciones del clima.

El software que manejan para la captura de información es limitado y muchos valores todavía se reportan en cuadros sinópticos escritos a mano y dictados vía telefónica, tal como lo hizo minutos antes.

Por ejemplo, hasta hoy no hay forma de que algún instrumento, al menos no los que tienen en Mérida, “mida” el tipo de nubes, así que los trabajadores lo hacen como se hace desde que el hombre está sobre la faz de la Tierra: observando.

Así que observemos de cerca, en esta galería, algunos de los instrumentos que tiene el Observatorio, y veamos grosso modo para qué sirven…

Garita meteorológica

Garita meteorológica (3)En este pequeño espacios hay varios instrumentos: dos termómetros y un sensor de humedad, ese que tiene el cabello como parte “sensible”; uno de los dos mide la temperatura máxima y el otro, la mínima. Uno de ellos tiene alcohol en vez de mercurio porque es “más sensible” a temperaturas bajas extremas.

Pluviómetro

publiómetro en meteorológico de meridaDe los más conocidos: mide la cantidad de lluvia. Lo que hace es “acumular” las gotas, y a la hora de medir, cada 24 horas, lo que ha caído se utiliza o una regla de madera o una probeta, y lo que miden es la cantidad en milímetros del agua acumulada. Cada milímetro equivale a un litro de agua en un metro cuadrado.

Barómetro

Mide la presión atmosférica, un valor que, en síntesis, les sirve para saber si hay condiciones para que llueva; mientras más baja es la presión, más posiblidades hay de que llueva -por ejemplo, un huracán tiene mil o más hectopascales-. Sin embargo, a ciertas horas del día como la noche o la mañana, la presión suele ser más alta.

Anemógrafo

anemografo meteorológico de merridaLa velocidad y dirección de los vientos se miden aquí, y aunque la medición se realiza en metros sobre segundo, la expresión más conocida es en kilómetros por hora, de ahí que los valores se publiquen así, pues la gente lo entiende mejor

Heliógrafo

heliógrafo (4)La “lupa redonda” que mide la cantidad de luz solar en un día, y que lo hace sobre una gráfica de papel que va quemando para marcar horas y medias horas. Evidentemente, cuando las nubes tapan el sol o llueve la medición se para. Aunque se coloca desde temprana hora, la medición la hace desde que recibe los primeros rayos del sol y la “cierra” cuando deja de recibirlos.

Globo sonda

restos del globo sonda meteorológico de meridaEn realidad, son los “restos”, el “esqueleto” del llamado globo sonda, es decir, la caja contenía los sensores que hacían la medición atmosférica y que enviaban la señal o los registros al “radar” o “antena parabólica “encerrada” en la enorme “bola blanca”.

Esa caja parece uno de sus juguetes que uno arma en casa y al que le quedan cables sueltos En este caso, están así porque hace falta el globo que lo hace subir hasta la atmósfera para tomar datos. Hoy, es prácticamente un objeto de museo, como también lo es la enorme “bola blanca”.

Esta estructura  es lo que, por su forma, llama más la atención y seguramente es lo que, a la distancia, se distingue más sobre del observatorio, a pesar de que hay unos 10 instrumentos que están colocados a la intemperie, sobre el techo.

Es casi seguro que cualquier persona que “ubique” mentalmente el observatorio lo recordará por esa esférica estructura que, adentro, guarda un todavía lo que alguna vez fue una atena o radar que capta las señales del globo sonda.

La directora explica que el globo se lanzaba desde el exterior, en el “patio” del observatorio, y subía al cielo, desde donde comenzaba a hacer mediciones que enviaba a la atena; una vez que el globo se reventaba y el sensor dejaba de subir, el registro de valores se paraba. En algunas ocasiones, los “restos” del sensor se recuperaban.

Dentro de la hoy inservible “cueva” hay, además de la inerte estructura de la “antena parabólica” hay un viejo radio de onda corta y una altavoz que servían para comunicarse con quienes lanzaban el globo sonda o con quienes elaboraban manualmente el informe del sondeo atmosférico.

Aunque el Observatorio no es un lugar abierto completamente al público, el lugar llegan estudiantes en visitas programadas y guiadas, a fin de conocer el funcionamiento y, por qué no, abrir la vieja “compuerta” de la “nube esférica”, aun cuando ya sepan lo que ahí se guarda.

(EVM)

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