Mérida, Yucatán. -A 12 días del terremoto del pasado 19 de septiembre de 7.1 grados Richter, que provocó el colapso de 38 edificios y daños severos en 150 inmuebles de la Ciudad de México, se erige orgullosa, imbatible, la Torre Latinoamericana, orgullo mexicano, obra del arquitecto yucateco Augusto H Álvarez García.

“Estoy más segura aquí en el edificio que allá fuera”, dijo una de las empleadas de la torre de 44 pisos y 182 metros de alto, el único de su tipo que ha soportado tres movimientos telúricos de gran magnitud, el de 7.7 grados el 28 de julio de 1957, el de 8.1 del 19 de septiembre de 1985 y el más reciente de 7.1.

Inaugurada oficialmente el 30 de abril de 1956, la estructura de acero y aluminio diseñada por los arquitectos Augusto H. Álvarez y Alfonso González Paullada, fue condecorada por el American Institute of Steel Construction por ser el edificio más alto que jamás haya sido expuesto a una enorme fuerza sísmica.

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El arquitecto Augusto Álvarez García nació en Mérida en 1914. Tras estudiar con arquitectos relevantes como José Villagrán García, Juan sordo Madaleno y Enrique Carral, Álvarez García fue maestro en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, donde formó a relevantes profesionales del ramo.

En la actualidad el Centro de Cómputo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM lleva su nombre, además fue fundador y primer director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana. Falleció en la Ciudad de México a los 81 años de edad.

Forma parte de los grandes arquitectos del siglo XX, entre ellos Juan O´Gorman, Luis Barragán, Mario Pani, Juan Sordo, Pedro Ramírez Vázquez y Teodoro González de León, quienes son considerados de estirpe “corbuse” por la influencia de Le Corbusier (Charles Édouard Jeannetet-Gris.

De acuerdo con información de la firma Archdaily, la Torre Latinoamericana, es un rascacielos emblemático de la Ciudad de México, catalogada como monumento artístico por el INBA. Su estilo característico del movimiento moderno hace referencia a los rascacielos estadounidenses, como el Empire State Building de Nueva York, siendo éste su mayor influencia.

Fue necesario hincar 361 pilotes especialmente diseñados, hasta una profundidad de 33 m para cimentar la torre. Se colocó una cimentación de concreto que permite que el edificio, literalmente “flote” en el subsuelo, independientemente del soporte que le proporcionan los pilotes.

Para soportar un peso total de edificio de 24 mil toneladas, se construyó una estructura rígida de acero con un peso de tres mil 200 toneladas que dan forma a tres sótanos y a sus 44 pisos con una superficie construida de 27 mil 700 metros cuadrados.

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(Jesús Mejía)