Por: Ernesto Arévalo Galindo

¡No cambia! El Partido Revolucionario Institucional (PRI) no cambia, ni por equivocación. Un candidato por la Presidencia de la República sin diálogo político ni mucho menos carisma, aunque pareciera tener la buena voluntad de lograr una mejor imagen ante el electorado. Y un despliegue de recursos ofensivos que alimentan aún más la irritabilidad social, que está generando un inminente cambio de la “derecha” a la “extrema izquierda”, a pesar de los fracasos del sistema político en América Latina.

La reciente visita de José Antonio Meade Kuribreña a la Isla Cozumel, reflejó lo anterior. La severa crisis de la principal institución partidista que encabeza la coalición “Todos por México”, conformada además por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (PANAL), eliminó toda posibilidad de dejar una buena impresión a cientos de potenciales votantes. Por supuesto, me refiero a los pensantes.

El evento de campaña estaba programado para empezar a las 13:30 horas, pero no fue así, tomando en cuenta que la mayor parte de los mexicanos nos caracterizamos por la impuntualidad. Sin embargo, el pretexto para que el candidato apareciera en el escenario alrededor de las 15:00 horas fue válido, porque tenían que haber más personas. No importa que fueran estudiantes de secundaria que, debido a no ser mayores de edad, no podrán votar. Lo importante era que se viera mucha gente y se oyeran muchos gritos.

Previo al arribo de José Antonio Meade al Centro de Espectáculos Moby Dick, un grupo de “fresas”, no “prole”, sino “fresas” como parte de su equipo de campaña empezó a dar órdenes a medio mundo; la actitud soberbia molestó a muchos priistas locales, debiendo intervenir el presidente del PRI-Cozumel, Carlos Hernández Blanco. Por cierto. Lo sentaron un poco alejado de los protagonistas. Afortunado.

Otro aspecto muy reprobable fue la canalización de recursos empezando por un equipo de luz y sonido, reforzado con pantallas de alta tecnología, digno para un concierto de primera categoría. Sin embargo, todo fue empleado para una intervención de aproximadamente ocho minutos del aspirante, cuyo discurso fue vacío. Desangelado como la propia jornada proselitista.

No faltaron las tortas y los refrescos. Por supuesto, para los no pensantes.

Todavía ve la tempestad y no se hinca.

¡PRI!

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(Foto tomada de internet)