Mérida, Yucatán.- Fue una pregunta frecuente el 8 de septiembre por la mañana en Mérida: “¿Sentiste el temblor?” y, ante la incredulidad, la “prueba”: imágenes que circulaban en redes sociales, de lámparas que sea balanceaban dentro de las casas de la capital yucateca.

Como el sismo ocurrió apenas 11 minutos antes de que concluyera el 7 de septiembre de 2017 -con epicentro en Pijijiapan, Chiapas– buena parte de los yucatecos ya dormía, por lo que muchos ni siquiera se enteraron de que lo imposible había ocurrido: tembló en Yucatán.

En medio de la incredulidad de miles de habitantes de la Península de Yucatán -que debatían sobre si se había sentido o no- el reporte, al día siguiente en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó las sospechas: en la región se percibió el temblor.

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También se supo, poco después, que aquel temblor era el más fuerte en 100 años en el país: magnitud 8.2 grados; fue más intenso que el de 1985 y el de 2017 (19 de septiembre), ambos destruyeron parte de la Ciudad de México.

Mientras en México la imagen de una bandera sobre un derruido edificio en Juchitán, Oaxaca, le daba la vuelta al mundo, en Yucatán los videos en los que el agua de algunas albercas “amenazó” con salirse durante los segundos del temblor, la noche del 7 de septiembre, circularon por redes sociales, principalmente WhatsApp.

Una foto borrosa de los huéspedes de un hotel en la avenida Colón por 62, afuera del edificio tras ser evacuados como parte de un protocolo de seguridad, también se multiplicó. Al otro día, la Dirección de Protección Civil dijo que ése y otros edificios de Mérida fueron desalojados.

Había ocurrido lo impensable…

Tanto el Gobierno del Estado como el Ayuntamiento de Mérida emitieron comunicados para “tranquilizar” a la población: el temblor no pasó de ser un susto grande porque, al menos en la historia reciente, no se conocía un caso similar. No hubo reporte de heridos ni daños en estructuras.

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Aunque en Yucatán existe un sismógrafo, no hubo reporte alguno de quien se supone se encarga de monitorearlo. La Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), que durante algunos años lo tuvo a su cargo, se deslindó. La razón es que la operación es remota,  desde la Ciudad de México, gracias a la tecnología.

Días después, durante un Congreso sobre Patrimonio Cultural en Mérida, una especialista en Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), confirmó que la Península de Yucatán es sensible a los temblores como cualquier parte del país, pero aclaró que no hay epicentros aquí porque no hay choque ni separación de placas tectónicas.

Precisamente en ese mismo Congreso se recordó que hay  versiones de que a principios del siglo pasado un terromoto causó daños en Yucatán; pero de esto se sabe poco.

Pero faltaba la “confirmación” de que la Península no estaba exenta de movimientos telúricos y llegó 4 meses después, cuando un sismo en el mar Caribe hizo vibrar el suelo peninsular de Yucatán, en especial Quintana Roo (yucatecos también reportaron haberlo sentido); ya no había duda con esta segunda señal: se derrumbó el mito de que en Yucatán “nunca tiembla”.

 

 

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