Mérida, Yucatán.- La Acrópolis de la zona arqueológica de Ek Balam fue protegida de su destrucción y profanación con capas de arcilla, tierra y lodo, por lo que en la actualidad luce en todo su esplendor con los restos en su interior del monarca Ukit Kan Le´t Tok.

Los arqueólogos Leticia Vargas de la Peña y Víctor Rogerio Castillo Borges compartieron lo anterior en su experiencia durante las exploraciones en el sitio, realizadas entre 1997 y 1998, en las que destacaron el hallazgo detrás de toneladas de escombros.

Los trabajos de rescate implicaron retirar de 1.5 a cinco metros de espesor hasta dar con la estructura, cuyo estado de conservación fue motivo de incredulidad y asombro, por lo que representa uno de los grandes descubrimientos del área maya, indicaron.

La pirámide alberga la Estructura 35 Sub conocida como Sak Xok Nahh (casa blanca de la lectura) y que sirvió como tumba para Ukit Kan Le´t Tok.

Para el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ese espacio representa ejemplo de riqueza arquitectónica y decorativa.

El gran señor (Ukit Kan Le´t Tok), señalado por los investigadores como el constructor de la mayor parte del suntuoso palacio de la Acrópolis, fue sepultado con rica ofrenda conformada por más de siete mil piezas, entre ellas vasijas de cerámica, máscaras, objetos de concha, caracol y joyería.

Vargas y Castillo mencionaron que Ek Balam (Estrella Jaguar o Jaguar Negro) alcanzó su máximo desarrollo en el Clásico Tardío/Terminal (600-850/900 d.C.), cuyo primer rey Ukit Kan Le´t Tok tuvo amplia influencia en la zona maya, de ahí la protección que procuraron los antiguos pobladores.

Reconocieron que el hallazgo del mausoleo no tiene la espectacularidad del sarcófago del rey Pakal, de Palenque, pero su importancia como gobernante fue similar.

La Acrópolis, precisaron, mide 146 metros de largo, 55 metros de ancho y 29 metros de alto. El friso de escayola, espléndidamente conservado, reviste la puerta con las fauces abiertas y los colmillos de una serpiente o monstruo; arriba de éstas el rey en su trono y, a los costados, las figuras de guerreros alados.

La arqueóloga Vargas de la Peña describió que el tipo de decoración solamente aparece en el lejano estilo de Chenes, en Campeche.

A diferencia del resto de la acrópolis formalmente pintada de rojo, el estuco de la fachada del “Sak Xok Nahh” nunca fue pintado sino que permaneció en blanco y acentuó la importancia y especial función del recinto de Ukit Kan Le´t Tok, que al morir se convertiría en su última morada.

La especialista explicó que la estructura representa el inframundo acuático, ya que la parte inferior constituye banqueta acuática decorada con cabezas descarnadas de las que brotan guías vegetales con nenúfares y un pez junto a uno de ellos.

Refirió que como otras estructuras piramidales, la idea de acrópolis fue referirse a la montaña de Las flores como el lugar paradisíaco de origen y vida tras la muerte, fuente del primer sustento de los hombres, recurrente en la mitología y la iconografía maya y mesoamericana.

Pese a la existencia de otras estructuras en el sitio como El Palacio Oval, el juego de pelota, las pirámides gemelas y un arco, Ek Balam aún depara sorpresas para los futuros arqueólogos, ya que falta mucho por explorar.

(Jesús Mejía)