Por Juan Vázquez Montalvo

Mérida, Yucatán.- Era un lunes 12 de septiembre de 1988, un día más de chamba en el caribe mexicano específicamente en Playa del Carmen, en PlayaCar haciendo hidrogeología y comienzo de la semana laboral y a eso del mediodía un rumor empezó a correr: un ciclón muy fuerte se dirigía a la zona.

Así nos llegó el primer rumor, pero los lugareños nos calmaron diciendo que a este bello paraíso que está creciendo como la espuma no le pegan los ciclones tropicales, de ninguna manera, porque una gran bolsa de aire que existe en el canal de Yucatán derivado de una alta presión natural hace que se desvíen y los mandan al oeste de la isla de Cuba.

La referencia era el poderoso huracán “Allen” que amenazó en 1980 y a última hora se desvió. Lo mismo había ocurrido con otros fenómenos similares que solo arrojaron lluvias.

Esa versión era compartida por casi todos los habitantes del sitio.

Un año antes para las mismas fechas trabajaba con otros compañeros en la llamada Milla de Oro entre Cancún y Puerto Morelos y el mar en pleno septiembre muy tranquilo y calientita el agua. Los pescadores de mayor edad y con mucha experiencia me decían que era un mal augurio para Quintana Roo.

Según sus conocimientos empíricos, la temperatura y calma del mar era augurio de un gran huracán en ese año (1987) o el siguiente. Sus palabras se cumplieron.

En aquella época un servidor aún no se dedicaba de lleno a la meteorología, pero hacía mis propias indagaciones por mi cuenta. Esa noche fui a visitar a un amigo que era aficionado de hueso colorado al tema y tenía su antena parabólica y captaba la señal de El Canal del Tiempo de los Estados Unidos .

Lo encontré muy asustado y me dijo: mira ese monstruo que está pasando sobre Jamaica: se llama Gilberto, es un huracán categoría 4 y se dirige a nuestra región.

“Es tan grande que aunque dé la vuelta nos tocara”, afirmo alarmado.

Yo pensé que este sistema tiene dos caminos: se dirige hacia el canal de Yucatán y oeste de Cuba o se dirigirá al norte de Quintana Roo o sea sobre nosotros.

Rápidamente checamos sus lecturas de un barómetro y me comentó que desde el domingo por la noche empezó a caer su valor y no se recuperaba lo suficiente siempre dando curva hacia abajo.

Así, dedujimos que la baja presión de Gilberto caía de forma tal que este seguiría creciendo y alcanzaría la máxima categoría que es la 5, en un día más cuando mucho.

Pregunté si lo había comunicado al capitán de Puerto, me respondió que sí, aunque no le hicieron mucho caso. De todas formas el martes 13 tendrían una reunión de emergencia.

Al amanecer llegó la lluvia y muy nublado el norte del caribe mexicano.

Gilberto se encontraba todavía entre Jamaica y Gran Caimán, pero su extenso manto nuboso ya estaba sobre el norte de Quintana Roo y canal de Yucatán.

El meteoro tenía dirección oeste y noroeste que lo enviaba encima de la joya del caribe mexicano Cancún y todo indicaba ya nada los desviaría.

Para la noche del martes se convirtió en el peor huracán que el Atlántico haya visto al alcanzar la categoría 5 y con el rumbo temido.

Lo demás, se sabe, y es historia pura; fue sin duda un parteaguas en la península de Yucatán. Se aprendió a tener respeto por estos fenómenos meteorológicos y sobre todo a no dudar que antes que nada la vida es lo más preciado.

El caribe mexicano hizo una junta a toda prisa a las 10 AM en palacio para tomar decisiones y medidas súper urgentes, ya que se estaba a menos de 24 horas de impacto y ya para las 16:00 horas un viento con fuerza de tormenta tropical comenzó a azotar.

Faltaban más de 16 horas para su llegada, y el pánico se apoderó de la población de la zona norte de Quintana Roo.

Los preparativos y compras de autentico pánico ocurrieron, mientras en Yucatán con una cultura incipiente contra huracanes por la tarde se había decidido evacuar la gente de la costa desde Dzilam Bravo hasta el puerto de El Cuyo por si acaso, como precaución.

Todo lo demás se tomo con demasiada tranquilidad, muy poca gente tomó precauciones y los que tenían sus casas en la costa veraniega solo algunos fueron a cerrarlas y retirar lo más valioso; una decisión que se pagaría muy caro en Yucatán.

*Es vocero del Comité Institucional para la Atención de Fenómenos Meteorológicos Extremos (CIAFEME UADY) y de Consultoría Hidrometeorológica de Yucatán (CHMDY), así como especialista en ciencias atmosféricas.

(LectorMx)