Por Bernardo Caamal Itzá

Peto, Yucatán.- En los pueblos mayas, el máank’iinal pixano’ob constituye una celebración profundamente vinculada con la memoria, la espiritualidad y la vida comunitaria. De acuerdo con la lengua maya, máank’iinal hace referencia a los días sagrados, mientras que pixano’ob alude a las almas de quienes alguna vez compartieron su vida con nosotros.

Esta celebración reúne a las familias y a la comunidad para recordar las enseñanzas, los consejos y las vivencias de los seres queridos que han partido. También invita al xiixtaj, es decir, al análisis y la reflexión sobre el significado profundo de estas prácticas milenarias.

En la tradición maya, el encuentro con los pixano’ob no se limita únicamente a los últimos días de octubre o a los primeros de noviembre. Su significado está estrechamente relacionado con el ciclo productivo del ichkool, la milpa, que representa el centro de la vida económica, social y espiritual de muchas comunidades.

De acuerdo con la historia oral familiar de la región de Dzulá, Quintana Roo, existen pixano’ob llamados Xtasiaan. Se trata de quienes entregaron su vida al desarrollo de la comunidad y quedaron bajo el cuidado de los payalchi’ob, sacerdotes o especialistas en los antiguos rituales mayas. Debido a las buenas obras que realizaron en vida, se cree que regresan desde los primeros días de octubre para convivir con los suyos y visitar los territorios donde vivieron y trabajaron.

En cambio, aquellos que vivieron principalmente en el ámbito mundano reciben permiso para regresar durante los últimos días de octubre y parte de noviembre. Esta distinción expresa una concepción maya de la muerte en la que las acciones de cada persona, su relación con la comunidad y el servicio a los demás conservan su importancia incluso después de la vida.

Dentro de este ciclo de reconocimiento se contemplan fechas específicas: el día 30 está dedicado a los pixano’ob de los niños y las niñas; el 31, a los pixano’ob adultos; y el primero de noviembre, a todos los santos. Aunque algunas comunidades pueden modificar o adaptar estas fechas, se mantiene un principio importante: el trato preferencial hacia la niñez y el reconocimiento de las distintas etapas de la vida.

Por ello, los pibes no necesariamente constituyen los platillos principales durante estos primeros días. En diversas comunidades se preparan para el Biix, ocho días después de los primeros días de noviembre, o incluso hacia finales del mes. Estas diferencias muestran que no existe una sola manera de celebrar, sino diversas expresiones territoriales que conservan una raíz común.

Desde esta perspectiva, no estamos simplemente ante una celebración llamada Hanal Pixán, escrita con «H» o con «J», ni ante una tradición reducida a la idea de «comer almas». Se trata de verdaderas prácticas ceremoniales del territorio maya, relacionadas con la milpa, el ciclo agrícola, la memoria familiar y la continuidad de la vida comunitaria.

El máank’iinal pixano’ob nos recuerda que la muerte no representa una separación absoluta. Los pixano’ob continúan formando parte de la comunidad, regresan simbólicamente a sus hogares y acompañan a quienes permanecen. Su presencia se manifiesta en los alimentos, las palabras, los rituales, los caminos y los espacios donde alguna vez construyeron su vida.

Por ello, conservar esta tradición también significa proteger la historia oral, la lengua maya y los conocimientos transmitidos de generación en generación. Cada celebración representa una oportunidad para escuchar a los mayores, comprender el significado de las prácticas comunitarias y reconocer que la memoria de los antepasados permanece viva en el presente.

Bejla’e u k’iinil u tial la tsikbatik yoolal u máank’iinal pixano’ob.

Hoy es día de conversar sobre el significado del máank’iinal pixano’ob, como parte de la palabra y la memoria de los pueblos mayas.

Uye’extun tsikbal bejla’e yoolal le pixano’ob.

Gracias a la radio Xenka, «La voz del gran pueblo», por transmitir nuestras colaboraciones.

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Ingeniero agrónomo egresado del Departamento de Fitotecnia de la Universidad Autónoma Chapingo en 1994, comunicador e investigador de la cultura maya.