Mérida, Yucatán.- El nuevo registro digital de la Cueva de El Osario en Chichén Itzá reveló la verdadera función del edificio precolombino vinculado a las actividades agrícolas, afirmó el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), José Francisco Osorio León, quien desmitificó su uso como tumba sacerdotal y observatorio cenital.

La oquedad presenta dimensiones reducidas y ramificaciones muy limitadas, contrario a las hipótesis que sugerían complejos túneles o cámaras amplias en su interior, acotó.

Indicó que este modelo constituye el primer registro fiel y detallado del espacio subterráneo, una herramienta clave para futuras investigaciones.

Durante el Noveno Simposio de Cultura Maya Ichkaantijoo, especialistas del Centro INAH y de la Universidad de California – San Diego presentaron resultados del proyecto “La Cueva del Osario, Chichén Itzá: nuevas exploraciones y hallazgos”, realizado entre 2023 y 2024.

Osorio León explicó que el equipo logró por primera vez un escaneo tridimensional completo y de alta precisión del interior de la gruta ubicada bajo el edificio conocido como El Osario, también llamado Tumba del Gran Sacerdote.

“Realizamos un registro minucioso para conocer la conformación real de la cueva y su relación directa con la estructura superior”, refirió en su ponencia.

El estudio no incluyó excavaciones, sino técnicas avanzadas de digitalización y registro planimétrico que permitieron obtener un modelo fiel del espacio.

DERRUMBE DE MITOS
El experto reconoció que son diversos los mitos que hay en torno a El Osario, dos de los cuales fueron hoy desechados.

Uno de los aportes más relevantes es lo relativo a la función del Osario: Aunque en su interior se localizaron ofrendas durante el Posclásico, no fue construido como tumba prehispánica.

De igual forma, negó que se tratara de un observatorio arqueoastronómico del paso del Sol por el cenit, como sugieren interpretaciones recientes.

El investigador explicó que el templo superior tenía un techo abovedado, lo que impedía por completo la entrada de luz solar hacia el tiro interno.

De acuerdo con la evidencia presentada, la estructura estaba vinculada a rituales agrícolas, ya que se han identificado elementos iconográficos asociados al Dios del Maíz.

La construcción sobre la cueva no es casual: forma parte de la tradicional relación simbólica entre el mundo terrenal y el inframundo, una conexión fundamental en la cosmovisión maya.

“En Chichén Itzá es común ver esta relación cueva-pirámide, usada para rituales, ofrendas y ceremonias de agradecimiento a la tierra”, resumió Osorio León.

(Didier Madera)