Mérida, Yucatán.- Las mujeres ya no lloran, se defienden, exhiben a sus agresores, gritan, insultan, atacan lo público y cuestionan el orden establecido.
En Mérida, como en varias ciudades de México, las legítimas demandas pierden el brillo por actos vandálicos con tintes extremistas.
En el Día Internacional de la Mujer, que rememora las luchas globales de ellas, los temas de fondo que dan motivo a la fecha quedaron opacados. La estridencia y las expresiones violentas acapararon la atención colectiva, como en los últimos años.
Con justificada molestia e indignación por las promesas incumplidas y la reiteración de la violencia de género, activistas se pusieron al frente y marcaron la pauta a los contingentes.
Con fuerza y enjundia se hicieron escuchar. También se hicieron sentir de una manera que divide opiniones.
Del parque de La Mejorada al Paseo de Montejo y en el Monumento a la Patria dejaron huellas, marcas y firmas. Un mensaje hostil para el “patriarcado”, los hombres, la sociedad, las leyes y las autoridades, casi todos.
Unas cinco mil personas, incluidas niñas, niños, adolescentes y algunos bebés en carreolas, participaron en su mayoría con respeto.
Contingentes vestidos de negro, que guiaban las consignas y portaban cartulinas, los más combativos y desafiantes.
Domicilios particulares y negocios no libraron las pintas, grafitis, como recordatorio del enojo porque todo pareciera seguir igual.
El Corredor Gastronómico, las esculturas a los Montejo, Felipe Carrillo Puerto y Justo Sierra, así como el Monumento a la Patria recibieron el peor castigo: pintura y fogatas.
La inacción de la seguridad institucional, federal, estatal y municipal, marcaron un momento inédito. Dejaron campo libre a los desmanes.
Salvo edificios icónicos del Centro Histórico: los palacios de Gobierno y del Ayuntamiento, la catedral de San Ildefonso, El Ateneo y Casa de Montejo, la zona rosa de Mérida recibió duro recordatorio.
(LectorMx)
