Por Adela Mac Swiney González
Oviedo, España.– El filósofo surcoreano-alemán Byung-Chul Han advirtió en Oviedo que la humanidad corre el riesgo de quedar “esclavizada por su propia creación” si el desarrollo tecnológico continúa sin control político ni dimensión ética, tras recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Durante la ceremonia, celebrada en el Teatro Campoamor ante la familia real y representantes de instituciones políticas y culturales, el pensador denunció que hoy “no somos los usuarios del smartphone: es el smartphone el que nos usa a nosotros”.
Han, uno de los ensayistas más influyentes del pensamiento contemporáneo, alertó de que el problema no es la digitalización en sí, sino la inversión de roles: el ser humano ha dejado de servirse de la tecnología para ponerse a su servicio. “Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación”, subrayó.
Las redes sociales, dijo, lejos de promover lazos afectivos, “no nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía” y añadió que la Inteligencia Artificial, sin regulación suficiente, “puede ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas”.
A partir de ese diagnóstico tecnológico, Han enlazó con la raíz económica de la desafección contemporánea: el neoliberalismo y recordó que no vivimos ya en una sociedad disciplinaria de prohibiciones, sino en una “sociedad del rendimiento” que explota la ilusión de libertad.
Según su tesis, el sujeto actual se auto explota con entusiasmo creyendo ser autónomo, cuando en realidad se azota a sí mismo “como el esclavo que cree liberarse arrebatando el látigo a su amo” y ese espejismo desemboca en el burnout y en una libertad puramente aparente.
El filósofo también situó la erosión de la democracia como consecuencia de esta deriva y anotó que la pérdida de respeto, no solo político, sino social, destruye las virtudes cívicas que permiten la convivencia: responsabilidad, confianza, civismo y amistad y sin ese sustrato moral, advirtió, “la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato y el miedo, especialmente el miedo a caer socialmente, se convierte en el combustible perfecto para el avance de populismos y autócratas”.
En un mundo hiperconectado pero deshabitado de vínculos, Han identificó el verdadero vacío: la carencia de valores capaces de orientar la libertad y mientras la técnica crece sin humanismo y el mercado fabrica individuos agotados y ensimismados, su discurso ha propuesto una defensa radical de lo humano frente a la automatización de la vida y la corrosión del lazo social.
El filósofo cerró su intervención con una ironía serena: sus críticas, que tantas veces han irritado, esta vez no lo han llevado al cadalso, sino a ser reconocido públicamente y es esa misma perturbación la que, según él, permite todavía esperar un futuro distinto.
