Por Adela Mac Swiney González
Oviedo, España.– La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide, quien esta noche recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Artes, aseguró que la práctica analógica es “un ritual íntimo y personal” que define su manera de mirar y de crear. “Lo que mi ojo ve, mi corazón siente”, señaló, subrayando que revelar un rollo, revisar los contactos y descubrir la imagen definitiva forman parte de un proceso que concibe como un acto espiritual y creativo inseparable de su trabajo.
Durante una reunión con los medios de comunicación, Iturbide expresó un profundo agradecimiento por el galardón: “Mi corazón está muy feliz” y añadió que comparte este reconocimiento con los fotógrafos mexicanos y latinoamericanos, “que también lo merecen y rara vez son visibilizados”.
Recordó, además, que el único latinoamericano que lo había recibido antes que ella fue su amigo Sebastião Salgado, quien falleció en mayo pasado y es considerado una de las figuras más influyentes del fotodocumentalismo contemporáneo. Su obra se centró en la dignidad humana, la migración, el trabajo y la relación entre el ser humano y la tierra.
La artista rememoró la historia detrás de “Nuestra Señora de las Iguanas”, una de sus imágenes más conocidas, convertida en ícono internacional e incluso en escultura pública en Juchitán, desde donde, relató, “salen marchas políticas, feministas o cualquier otra movilización”.
Respecto al rumbo del medio fotográfico, Iturbide defendió la coexistencia de todos los formatos, pero destacó que la fotografía analógica seguirá viva “no solo por nostalgia, sino por el ritual que conlleva descubrir con sorpresa la imagen al revelarla” y explicó que, para ella, existen “dos momentos decisivos”: el instante en que dispara y aquel en el que confirma o descarta la imagen en el laboratorio.
La fotógrafa también destacó su estrecha relación cultural con España, país al que desea regresar para continuar proyectos iniciados recientemente: “adoro España y me encantaría seguir trabajando aquí. Soy mestiza y quiero tanto a México como a España”.
Ante una pregunta sobre imágenes que lamentó no haber capturado, confesó una escena que la deslumbró demasiado como para fotografiarla: una novia mayor caminando por un pueblo polvoriento, acompañada por su madre, quien le levantaba parte del vestido “como si fuera una película italiana”, pero anotó que esa incapacidad de disparar también forma parte del misterio del mirar.
Finalmente, rechazó las etiquetas con que a menudo se interpreta su obra: “No hago realismo mágico ni surrealismo; hago fotos en México desde mi mirada, no desde una clasificación ajena y me da mucha pena decirlo, pero en Europa suelen ponernos etiquetas a los latinoamericanos”. Y concluyó afirmando que nunca ha sufrido obstáculos por ser mujer en su profesión, “he sido muy feliz fotografiando como mujer, acompañada y respetada y soy feminista”.
(LectorMx)
