Por Pascacio Taboada Cortina

Ciudad de México.- Las relaciones económico – diplomáticas entre México y Estados Unidos se han complicado en los últimos años, mucho más de lo que habían sido en tiempos recientes.

Digamos que, en los últimos 25 años, casi el periodo de intercambio comercial derivado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) –en donde también participa Canadá—los países signantes sobrellevaron una relación, si no satisfactoria, sí conveniente para los respectivos pueblos. Aunque, a decir verdad, con Canadá, si bien son mínimos los problemas de tipo comercial, no omitimos reconocer que las compañías mineras concesionadas por el gobierno de México, son factor de explotación de mano de obra de comunidades aledañas y de deterioro ambiental progresivo regional. El tema central de análisis en esta ocasión, se refiere a la relación bilateral de México y EU.

Desde el momento en que el ahora presidente de la Unión Americana, Donald Trump, fue propuesto para la presidencia de su país, el principal punto electoral que asumió como compromiso con sus electores, fue la construcción del muro fronterizo a lo largo de más de 3 mil kilómetros de longitud, prácticamente paralelo al recorrido que hace el río Bravo, desde el Pacífico hasta la desembocadura en el Golfo de México.

Las razones que esgrime el mandatario norteamericano para construir esta obra, son la seguridad nacional de su país, la migración principalmente desde México y, últimamente proveniente de países centroamericanos, del Caribe y de África; el combate a la delincuencia, la protección contra el terrorismo, el tráfico de drogas y enervantes, así como el ingreso a EU de delincuentes que huyen de sus países en forma subrepticia.

Pregonó por todo su país, primero como candidato y después como presidente, romper con el TLCAN, porque los resultados comerciales eran totalmente injustos, adversos y nefastos para la economía de EU.

Trabajo fue que los secretarios de Agricultura de México, Enrique Martínez y Martínez, y José Calzada Rovirosa, en sus respectivas gestiones, informaran a los cuatro vientos que México tenía una balanza comercial superavitaria con Estados Unidos –después de que, históricamente, había ocurrido lo contrario—para que Trump empezara a acusar a nuestro México de ser un país injusto, abusivo, y que los anteriores presidentes de EU habían promovido leyes totalmente contrarias e inequitativas al espíritu de progreso de esa nación. También calificó al TLCAN como el peor tratado comercial jamás firmado por gobiernos de Estados Unidos.

Los dirigentes de organizaciones de productores, exportadores, empacadores, ganaderos e industriales del sector agropecuario y agroindustrial de EU, así como bancos y empresas transportistas de bienes y mercancías, tuvieron que convencer a su presidente de que esos ataques eran infundados, que había que reconsiderar que era imposible cancelar el TLCAN; si acaso habría la necesidad de revisarlo, actualizarlo y continuar con una relación comercial que había arrojado beneficios para su país en cuanto a comercio seguro de sus productos, creación de empleos permanentes, desarrollo de la industria en el sector primario, de maquinaria y vehículos y un esquema de inversiones satisfactorio para futuras negociaciones tanto en la industria como en los servicios.

Eduardo Orihuela presidente de la CNPR dijo que es preocupante para productores y exportadores agrícolas el impuesto del 5% por EU, a alimentos del campo desde este lunes.

“Hoy el pueblo mexicano y en particular el segmento de productores y exportadores de bienes y mercancías del campo, está en un gran riesgo”, afirmó el presidente de la Confederación Nacional de Productores Rurales, Eduardo Orihuela Estefan.

Resaltó la importancia de la relación comercial bilateral México – Estados Unidos. “Estamos hablando de que nuestro país realiza exportaciones por 350 mil millones de dólares anuales. Esto significa el 28 por ciento del PIB de México e indica que uno de cada tres pesos que México produce, depende directamente de nuestra relación comercial con Estados Unidos”.

RELACIÓN BILATERAL, CERCANA A 600 MIL MILLONES DE DÓLARES

Hoy el panorama de las relaciones diplomáticas y económicas entre México y Estados Unidos, está inmerso en un mar de confusiones. Lo mismo se plantean en mesas de negociación temas relacionados con la migración; acusaciones al gobierno de México, de que no hace “lo suficiente” para detener la migración centroamericana y caribeña, que es la más numerosa jamás vista. Se trata de evitar que las caravanas de migrantes lleguen a territorio norteamericano. También está la amenaza de cerrar los puestos de entrada al país del norte, las aduanas, etc.

Estas acciones tienen que ser en tiempo y forma, tal y como el presidente Trump lo ha ordenado a sus empleados y funcionarios. Sí, pero para que esto se cumpla, depende de las acciones que emprenda el gobierno mexicano, desde la misma frontera sur, limítrofe con Guatemala, y muy cercana con El Salvador y Honduras. Estas migraciones requieren de servicios, como de registro, de alimentación, de provisión de agua y lugares de descanso; en ocasiones también de transporte y de servicios médicos. En estos procesos, nada tiene que ver el gobierno de EU.

En medio de ese barrunto, se da el hecho amenazante de que el gobierno de Estados Unidos establecerá un impuesto de 5 por ciento mensual a todas las importaciones que se realizan desde México, a partir del lunes 10 de junio de 2019, de tal forma que se llegará a octubre con un impuesto sumatorio del 25 por ciento en ese contexto. Esto, por la misma acusación de que el Gobierno de México hace nada a favor de parar la migración. Todo esto ocurre sin reflexionar, por parte de EU, que la relación comercial entre las dos naciones asciende anualmente a un valor cercano a 600 mil millones de dólares.

Lo que en un principio se pensaba que este mecanismo de defensa del gobierno norteamericano, era parte de la campaña para que el presidente Trump pueda convencer a sus electores con vistas a una reelección en las próximas elecciones de 2020 –de hecho los convenció para la construcción del muro fronterizo—eso del impuesto del 5 por ciento mensual hasta octubre con una suma de 25 por ciento, parece que lo hará efectivo. De hecho, será un golpazo brutal para la economía mexicana y, sobre todo, para los productores y exportadores.

El mandatario Trump cumplió la amenaza de imponer un arancel a las importaciones de acero (15 %) y al aluminio (10 %) a principios de 2018, válido para México y Canadá, así como para otros países aliados. En mayo pasado reconsideró estos aranceles y los canceló.

Es de señalar que, con China, Estados Unidos venía arrastrando un déficit económico por 350 mil millones de dólares. Ambos países han entrado a un estado de guerra comercial. Por lo pronto, EU ha establecido un sistema impositivo al país asiático por 200 mil millones de dólares, mientras China ha restringido sus ventas a Estados Unidos, sin tener certeza de que haya un nuevo sistema comercial. Así, China ha entrado a una relación comercial más estrecha con Rusia, a fin de diversificar sus exportaciones.

Seguramente que el presidente norteamericano jamás ha planteado a sus electores que será el pueblo estadounidense el que pagará productos más caros, que tendrán que conseguir en países alejados. Tampoco ha reconocido ni consultado a su pueblo sobre el tema de tráfico de armas que salen de manera ilegal a casi todo el mundo y, sobre todo, que son causa de miles de muertes de mexicanos por la delincuencia organizada o al margen de estos grupos.

En su propio país el presidente Trump ha mostrado estar a favor de las acciones de la Asociación Nacional del Rifle, a pesar de que continuamente se dan matanzas de inocentes, tanto en centros comerciales, de espectáculos como en escuelas, en consonancia con la referida asociación, que promueve que cada familia tenga armas en su casa, de las cuales los menores pueden también hacer uso de ellas.