Por Adela Mac Swiney González

Oviedo, España.– El director del Museo Nacional de Antropología (MNA) de México, Antonio Saborit, reivindicó el papel de esa institución como espacio de concordia y puente entre civilizaciones, además de refrendar los lazos indisolubles que unen a México y España.

Saborit habló con los medios de comunicación antes de recibir, mañana, en el Teatro Campoamor de Oviedo el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2025 que se le concedió al museo, por ser heredero de una larga tradición en defensa y preservación de una parte esencial del patrimonio antropológico de la humanidad que, al mismo tiempo, expresa las señas de identidad de una gran nación en las que su gente se reconoce.

Subrayó que la institución es hoy “un espacio excepcional de encuentro, reflexión y concordia”, cuya vocación nace del legado de las civilizaciones mesoamericanas y del diálogo permanente entre México y el resto del mundo e hizo hincapié en que “México y España están unidos por lazos indisolubles; nuestras historias se cruzan y se enriquecen”, además de recordar que la pinacoteca se levanta precisamente en el lugar donde floreció la última gran civilización mesoamericana, y que la preservación y estudio de ese patrimonio dota al recinto de una trascendencia única.

El director resaltó además el carácter profundamente democrático del museo pues “para ingresar no se pide un grado ni siquiera se solicita la identidad, se entra por voluntad y por deseo de comprender quiénes somos y qué nos desafía como sociedad”.

Tras la pandemia, el museo ha recuperado su dinamismo y vive un repunte histórico de público: el año pasado recibió 3.7 millones de visitantes y se prevé superar los cuatro millones antes de finalizar el presente año. Este crecimiento, anotó, “entraña una enorme responsabilidad en términos de oferta cultural, divulgación y cuidado de la colección”.

Saborit recordó también el hito que marcó el asalto al museo en 1985 y expresó su solidaridad con el Museo del Louvre, en París, recientemente afectado por un ataque a su patrimonio. “En 1985, un año que fue muy difícil para México, un par de sujetos ingresaron al museo Nacional de Antropología y se llevaron más de un centenar de objetos que por fortuna fueron recuperados todos, pero el hecho destrozó la vida de muchos trabajadores, la sensación de pérdida apenas puede ser descrita y la vida del museo a partir de entonces cambió radicalmente”, expresó.

Ahora, sobre los sucesos en el Louvre, manifestó que “compartimos la rabia y la indignación frente a esto y si algo enseña la experiencia de 1985 es que quizá no debiéramos mirar este hecho como una metáfora de algo más, una imagen de algo más, sino como lo que es un acto delincuencial cuidadosamente perpetrado, y no nos engañemos, no es fácil; todo parece indicar que es muy sencillo, que cuatro personas son capaces de, en un puñado de minutos, transgredir todos los cercos de seguridad y salirse con las suyas, pero no, no es así, es bastante más complejo que eso”.

Para el director, la misión del Museo Nacional de Antropología trasciende la exhibición de piezas: “ser mexicano es una forma de ser en el mundo, de imaginar futuros compartidos y de preguntarnos por la singularidad del otro para entender la propia; ese sentido profundo es el que guía a esta institución”.

Con más de veinte salas y de cuarenta y cinco mil metros cuadrados de construcción —treinta mil de exposición—, el MNA es el museo más grande del país y en sus cerca de seis décadas de existencia sus colecciones han alcanzado las doscientas cincuenta mil piezas de todo México, de las que se exponen alrededor de ocho mil.

(LectorMx)