Por Jesús Mejía
Mérida, Yucatán.- En este rincón paradisiaco del país, como en toda la República, los yucatecos también gozaron y vivieron con intensidad el Mundial de Fútbol con todo el sabor, el ambiente y la conocida fraternidad yucateca, Como todos los mexicanos, igual sufrieron la derrota ante Inglaterra, pero también reconocieron el desempeño del tricolor.
Fue un partido en el que el Seleccionado Mexicano dominó, pero contaron los goles de los ingleses. Primero prevaleció el pesado silencio con el coraje reprimido en espera del milagro y tras el silbatazo final, las lágrimas, el murmullo, pero también el aplauso fuerte para los jugadores que extendieron la ilusión hasta la península de Yucatán.
“Más si no”, las palmas se multiplicaron en las sedes de proyección en pantallas grandes en cabeceras municipales de Yucatán: Mérida, Progreso, Kanasín, Tizimín, Valladolid, Tekax, Umán, Ticul y Tekax.
No fueron los centenares de miles que se congregaron en El Ángel de la Independencia, Paseo de la Reforma y Zócalo de la Ciudad de México, ni los habidos en la Macroplaza y Parque Fundidora de Monterrey o en la Glorieta de la Minerva en Guadalajara, pero sí fue la misma intensidad, alegría desbordante y pasión que también vivieron los yucatecos.
Tras el triunfo de México ante Ecuador 2-0, productores de mango regalaron la fruta que llevaron a en sus camiones de carga a los espectadores y cumplir así la promesa de regalar si ganaba el Tri. Lo mismo hicieron vendedores de marquesitas al obsequiar su producto a los transeúntes que se acercaron a los puestos de Paseo de Montejo tras la victoria.
Al ritmo de la jarana y bailables de las mestizas y varones de inmaculadas filipinas, en los pueblos y principales cabeceras municipales gozaron de los chistes y estridencias de los cómicos del teatro regional yucateco, lo mismos con Dzereco y Nohoch, que con Tila María Sesto, la Tía Chayo y los infaltables payasos locales.
Y regalaron en las Zonas Fan banderas, gorras, playeras, bolsas de palomitas, balones, y pintaron caras con los colores verde, blanco y rojo y en todos los casos izaron grandes banderas ante la muchedumbre para cantar en muchos casos con lágrimas de emoción el Himno Nacional y apoyar en cada avance y ondearlas a toda asta en cada anotación de México.
Cada gol convirtió los escenarios en verdaderos pandemónium, manicomios ensordecedores en los que llovieron nieve espuma, confetis, serpentinas tricolores, con el sonido atronador de las matracas, sonajas, cornetas y gritos que hicieron cimbrar a la tradicional Mérida blanca, tranquila y tradicional.
La ciudad, como todas las metrópolis del país, detuvo su marcha. Calles y avenidas sin vehículos ni gente. Frente a los televisores, pantallas de cadenas de cine, las mega proyecciones de las Zonas Fan, restaurantes, bares y sinnúmero de casas el combinado mexicano unió a los compatriotas en torno de una pelota.
Para muchos, la derrota tuvo sabor a triunfo. La enjundia, el dominio del balón sobre la cancha del Azteca y las ganas de superar la adversidad de los muchachos de Javier Aguirre también fueron evidentes para los habitantes del Mayab, quienes anoche, tras el partido, acudieron por cientos al pintarrajeado Monumento a la Patria (por el 8M) a celebrar el paso histórico del conjunto.
Mérida, al igual que muchas ciudades del país vivió también la jornada futbolera. Además del Deportivo de la Inalámbrica, el gobierno del estado abrió el Estadio de Béisbol de Kukulcán – la casa beisbolera de los Leones de Yucatán- con una pantalla gigante en donde albergó a cerca de 5 mil aficionados.
Dichos espacios concentraron a personas de todas las edades, lo mismo boxitos que chichís (abuelitas). Sin excepción, hasta los pelanás vivieron las tensiones, tribulaciones y el goce explosivo de cada gol, en ambientes convertidos en espacios de desahogo, catarsis que ya necesitaba la población nacional ante problemas de inseguridad, economía y política.
Las playeras Made in China o de copia y tela simple llegaron a comercializarse hasta en 500 pesos y las originales de reconocida marca mundialista se cotizaron desde mil 800 pesos hasta en tres mil, una prende que vistió de verde todos los escenarios posibles. Bajó la demanda; este día las ofrecieron en 50 pesos en el Mercado Lucas de Gálvez.
Todo volvió a la normalidad, pero quedó el recuerdo, la emoción todavía contenida, la alegría desbordante, el sentimiento de sentirse orgullosamente mexicano.
(LectorMx)
