Jesús Mejía
Mérida, Yucatán.- Resultado de diez años de trabajo y de un esfuerzo colectivo por descubrir los aspectos más recónditos de la especie emblemática de Yucatán, el documental “Flamingos, la vida después del meteorito” fue exhibido con gran aceptación del público y de la crítica, con la presencia del director Lorenzo Hagerman y parte de su equipo de colaboradoras.
La Sala Mayamax del Gran Museo del Mundo Maya lució abarrotada debido al interés generado tras el anuncio de su presentación. La cinta dejó una reflexión sobre la fragilidad y la capacidad de sobrevivencia de esta especie de aves, cuya permanencia depende en gran medida de las condiciones climáticas.
Resultado de 700 días de trabajo de un grupo interdisciplinario, el documental representa también un paso adelante en el desarrollo de las industrias creativas en México, donde el talento y la creatividad de sus realizadores han colocado al país en una posición destacada dentro de la industria cinematográfica.
Ganadora del premio al Mejor Documental en China, la producción muestra la vida de los flamencos como una historia de sobrevivencia narrada con la voz de la cantante y compositora Julieta Venegas, lo que mantuvo cautivadas durante unos 80 minutos a las más de 400 personas que rebasaron la capacidad de la sala de proyecciones.
“Yo no recuerdo ninguna película en los 25 años que llevo viviendo aquí, que haya un documental mexicano que haya estado en tantas salas, con tanta gente, con tanto entusiasmo y con tan buena respuesta”, reconoció el director durante un intercambio de ideas con el público en torno al filme, que también fue presentado en Sisal y Celestún.
Con una filmografía integrada por Heli, Presunto Culpable y The Mountain, producciones que le han valido premios y nominaciones, Hagerman reconoció: “Es una película que me llevó 10 años hacer, desde que me invitaron el primer día a ir a Río Lagartos a ver a los flamencos”.
“Yo no conocía absolutamente nada de los flamencos. Los había visto rascarse, dormir, levantar la patita, pero sabía muy poco”, expresó el cineasta, quien dijo sentirse sorprendido por la capacidad de resiliencia de la especie, cuyas distintas fases de desarrollo grabó para la pantalla grande como una lección de sobrevivencia.
También lamentó la desaparición de diversas especies de aves “que ya no existen en este planeta y no volverán a existir”, con base en información proporcionada por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, en Nueva York, institución que posee uno de los archivos de naturaleza más grandes del mundo y que aportó orientación para el seguimiento de los flamencos caribeños.
El director reconoció haber dedicado hasta 14 horas diarias a observar la vida de estas aves a través de un lente de gran alcance, “que es como ver en un microscopio una fracción muy pequeña de todo un universo”.
“Día tras día me iba cayendo el veinte de lo que cada paso significaba, y desde ahí empecé a escribir parte de la historia. Esto se va a contar así, y entonces necesito esta toma y esta toma para que esto se entienda”, manifestó al explicar su proceso creativo.
“Después de observar la importancia de los nidos, yo les empecé a llamar templos. Todo se fue dando en este ejercicio de observación de la vida silvestre. Fue la vida silvestre la que me fue enseñando cuál era el camino que había que contar”, puntualizó.
En diversas intervenciones, el público asistente agradeció la experiencia visual y emocional que dejó el documental, considerado también como un ejemplo para fomentar la comprensión y el cuidado de la naturaleza.
