Jesús Mejía

México.— Con talento, expresividad y un extraordinario dominio técnico, el canadiense Kerson Leong, considerado uno de los violinistas más destacados de su generación, debutó en México junto a la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), con la interpretación del Concierto No. 1 de Paganini, durante una memorable velada musical en el Palacio de Bellas Artes.

Tanto el solista como la orquesta conquistaron la admiración del público, que llenó por completo el máximo recinto cultural del país. El programa incluyó también la Sinfonía de las Américas, del compositor yucateco Daniel Ayala Pérez, y las Suites 1 y 2 de Romeo y Julieta, del ruso Sergei Prokofiev.

La presentación se convirtió en una experiencia de asombro colectivo ante la destreza técnica y el virtuosismo del solista invitado. Con un veloz fraseo de los dedos de la mano izquierda y los incesantes trazos del arco sobre su violín Guarnerius del siglo XVIII, Leong protagonizó uno de los momentos más memorables de la noche.

El Concierto No. 1 para violín y orquesta, de Niccolò Paganini, con la cadenza del francés Émile Sauret incorporada al primer movimiento, mantuvo a la audiencia cautivada por su elevado grado de dificultad. Para muchos críticos, esta secuencia figura entre las más complejas jamás concebidas para el instrumento.

Kerson Leong enfrentó las exigencias de la obra con un fraseo incesante y una combinación de notas abruptas y pasajes de profundo lirismo, con los que convirtió su instrumento en una extensión de su sensibilidad y pensamiento musical. En varias ocasiones, se pasó la manga de su camisa negra por la frente perlada de sudor, mientras continuaba con la interpretación.

El final fue apoteósico. Con la última arcada, enérgica y al mismo tiempo sutil hasta desvanecerse en el silencio, el violinista recibió un prolongado aplauso y vítores del público, que reconoció su demostración de virtuosismo.

Ante la entusiasta respuesta de la concurrencia, el músico ofreció dos encores: la célebre Recuerdos de la Alhambra, de Francisco Tárrega, y una sonata de Johann Sebastian Bach, considerado uno de los grandes exponentes de la música barroca.

La ovación continuó y, como muestra de reconocimiento, el violinista canadiense, de 29 años, recibió un ramo de flores y una muñeca de confección mixteca-zapoteca, en agradecimiento por compartir el arte y los sonidos diáfanos de su violín Guarnerius.

También destacó la dirección del maestro italiano Alfonso Scarano, quien condujo desde el podio a los más de 60 músicos de la OSY durante el encuentro con el público de la Ciudad de México, celebrado la noche del pasado sábado en una presentación organizada en conjunto con el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

El público tuvo además la oportunidad de escuchar el reestreno de la Sinfonía de las Américas, del compositor yucateco Daniel Ayala Pérez, uno de los insignes músicos que integraron el Grupo de los Cuatro junto con Blas Galindo, Salvador Contreras y José Pablo Moncayo. Una parte importante de la obra de Ayala permanece inédita.

El concierto cerró con la interpretación de las Suites 1 y 2 de Romeo y Julieta, del ruso Sergei Prokofiev, inspiradas en la obra homónima del dramaturgo inglés William Shakespeare. La asistencia respondió con una ovación de pie, en reconocimiento a la entrega y el profesionalismo de los músicos de la OSY.

Entre los vítores, alguien gritó «¡Viva Yucatán!» al concluir la velada, una expresión de aprecio y cercanía hacia las tierras del Mayab que, aunque lejanas geográficamente, permanecen próximas al corazón de los capitalinos.

De esta manera, Kerson Leong y la Orquesta Sinfónica de Yucatán dejaron huella en el Palacio de Bellas Artes y protagonizaron una memorable página para la vida musical de México.