Por Adela Mac Swiney González

Gijón, Eapaña.- La historia de Dolores López, conocida como la Beata Dolores y considerada la última mujer ejecutada por la Inquisición española, llegó a la XXXIX edición de la Semana Negra de Gijón de manos de la escritora Beatriz Cepeda, quien reivindicó su figura como un caso que permite reflexionar sobre la desigualdad con la que fueron juzgadas mujeres y hombres en el siglo XVIII.

“Fue precisamente la última mujer condenada a muerte por la Inquisición española”, señaló Cepeda, quien participó en el ciclo llamado “Transgresoras” de la cita literaria para “reclamar un pequeño espacio” para una mujer que, dijo, “en principio no debería estar en el listado de mujeres feministas o de referentes de ese movimiento”.

La autora explicó que Dolores López, quien perdió la vista cuando tenía 12 años, fue “una beata sevillana del siglo XVIII, cuyo caso resulta interesante a muchos niveles “incluso a nivel true crime” y cuyo proceso inquisitorial, muy desgastante, duró cinco años durante los cuales fue continuamente interrogada para que reconociera sus pecados ya que era una mujer muy lujuriosa, mantenía relaciones con muchas personas, hombres y mujeres y una mujer muy atraída por las prácticas BDSM (sadomasoquismo, sumisión y dominación).

“No solo es interesante que fuera condenada a muerte por ello, sino que los hombres que accedieron a tener este tipo de prácticas con ella no fueron condenados a muerte”, dijo y agregó que “la pena que se le impuso a los hombres no fue equitativa la que se le impuso a ella, que finalmente fue condenada a garrote vil y luego su cuerpo fue quemado en la hoguera”.

Según indicó, esos hombres fueron apartados de Sevilla y enviados a sitios lejanos y “me parece muy curioso que el modus operandi que tenía la iglesia en el siglo XVII para apartar a los curas y a los hombres de buena voluntad que se salían de la norma, sigue siendo bastante parecido, por ejemplo, a lo que hemos visto con los casos de pederastia en la Iglesia española que cuando un cura abusaba de un niño al cura se le mandaba a otro sitio lejos de ese niño, se le mandaba lejos de su zona de confort para que abusasen de otras personas en otro sitio”.

La autora matizó que, en su opinión, actualmente la Iglesia está actuando de otra manera, aunque recordó que “los casos de pederastia de los 80, de los 90, que a día de hoy se siguen denunciando, sí que era bastante común que lo que se hacía con los curas era llevarlos a otro sitio lejos para que se acabase el problema”.

La historia de la Beata Dolores, quien adquirió fama de beata y visionaria, afirmando tener experiencias místicas, llegó a la escritora después de que una compañía de teatro de Sevilla le encargara escribir una obra sobre el personaje. “Yo cuando lo tengo delante, empiezo a recabar documentación y me doy cuenta de lo que hay ahí y digo: esto para mí por lo menos es un caramelito y como Dios ha querido que yo sea receptora de la palabra de Dolores, pues vengo a Gijón a predicar su palabra”, bromeó.

La obra, que entregará a fines de agosto, establecerá un paralelismo con el caso de la andaluza Ana Orantes, una mujer víctima de violencia de género que expuso en una entrevista televisiva los malos tratos de su ex marido por años. Trece días después de su testimonio en televisión fue quemada viva por éxte en venganza por haberlo puesto públicamente en evidencia.

“Dado que esta fue una mujer quemada por la Inquisición en Sevilla, he querido hacer un paralelismo también con el caso de Ana Orantes y no es que en la obra esta mujer sea un personaje, pero he querido comparar lo que hacía la Inquisición, que ahora nos parece muy lejano y no lo es tanto, mientras que los juicios a las mujeres y las penas de muerte, entre comillas, por sus maridos o exparejas siguen ocurriendo”.

La escritora destacó que, aunque la documentación sobre Dolores López es escasa, los expedientes inquisitoriales conservados permiten acceder directamente a los testimonios de la época. “Hay muy poca información sobre la Beata Dolores, pero la que hay es maravillosa porque cuando la Inquisición abría un proceso inquisitorial quedaba todo por escrito”, dijo.

La investigación ha despertado en Cepeda el interés por seguir profundizando en el personaje una vez concluya la obra teatral. “Me ha fascinado tanto este personaje y me ha dado a mí misma pie para tantos temas y tantas cosas con las que relacionarlo, que me gustaría, una vez entregada la obra de teatro, escribir algo diferente, quizá un ensayo, porque me parece “, concluyó.

(LectorMx)