Mérida, Yucatán.- En medio de la tragedia de estos tiempos, la historia de “Niurka” emerge como inspiradora y remarca la nueva relación entre animales domésticos y humanos.

Ella llegó hace casi un año a “Luis Enrique Salón”, sitio de diseño de imagen, y se identificó con el estilista principal y el propietario del lugar, Erick.

Ambos la acogieron como una amiga que llegaba todas las mañanas en busca de comida y de cobijo, lo cual recibía en grado suficiente.

Desde la apertura hasta el cierre del negocio, por casi 12 horas diarias, la gata permanecía en el interior, durmiendo, jugando y socializando, según las circunstancias.

Todos los días sin faltar esperaba la llegada, en especial, de Luis Enrique, su protector preferido.

Al finalizar la jornada, sin mediar reclamo, la felina salía del establecimiento al percatarse que se bajaban cortinas y se apagaban las luces.

Los fines de semana y lunes –días de descanso–, Luis Enrique o Erick, invariablemente le proveían de comida a las puertas del local.

La contingencia sanitaria vino a trastornar la convivencia casi idílica del equipo, que hace mes y medio tuvo que abandonar ese inmueble por el incosteable nivel de rentas.

“Luis Enrique Salón” comenzó a mudarse y regresó al predio donde los dos socios vieron sus inicios, aunque por suspensión de actividades “no esenciales” permanece sin labores hasta nuevo aviso.

“Niurka” por supuesto no fue incluida en el traslado y por algunas semanas quedó en calidad de desaparecida.

Sin embargo, al terminar la mudanza, Erick volvió por ella y la encontró descuidada, flaca, por los días que la gata vivió sin las atenciones mínimas.

Con cierto recelo, ella aceptó el alimento que le ofrecían y que bien le hacía falta, pero no permitió su captura.

“A diario viene a llorar que le abran…”, comentó una vecina del inmueble ya desocupado.

Luis Enrique acudió este sábado para el esperado recuentro y, efectivamente, al escuchar el sonido del claxon de automóvil salió de su escondite para verle de nuevo.

Era la señal que “Niurka” había esperado por tantos días. Ronroneó, maulló y saludó con el lenguaje corporal, como suelen hacerlo los de su especie.

La gata será llevada a su nuevo hogar, apenas se reanuden las labores.

(LectorMx)