Mérida, Yucatán.- La imagen eterna de la Virgen de Guadalupe en la tilma del indio Juan Diego está llena de simbolismos ya no solo religiosos sino extraterrestres, entre los que destacan las estrellas de su manto, la luna creciente e incluso el grado de inclinación de su rostro.

El astrónomo yucateco Eddie Salazar Gamboa recuerda que la aparición del cerro del Tepeyac que, según la historia, comprobó el “grabado” imperecedero de la Virgen Morena en la tela de un ayate, ocurrió en pleno solsticio de invierno, que en el año 1531 ocurrió el 12 de diciembre.

En el siglo XVI, la fecha en la que el Sol parecía detenerse (de ahí la palabra “solsticio”, cuyo significado es “Sol quieto”) era 10 días antes de la actual, y ese cambio de estación se ha interpretado como el nacimiento del “Sol invictus”, un festejo en las culturas antiguas como la romana.

Como ya sabemos, a partir de la fecha del solsticio, aunque ese día es el más corto del año y “reina” la oscuridad al durar más horas, a partir de entonces paulatinamente la luz va venciendo a la oscuridad hasta “empatar” día y noche en el equinoccio siguiente, el de primavera.

Actualmente, por las mismas fechas del llamado milagro guadalupano, hace 490 años exactamente, ocurre la lluvia de estrellas gemínidas, bautizadas así porque parecen provenir de la constelación de Géminis. Al caer, estos meteoritos parecen “bañar” a la de Virgo (virgen), recuerda Salazar Gamboa.

Es como si los destellos cubrieran a la Virgen, tal como lo hace el manto nocturno y estrellado que sobre sus hombros lleva la imagen representativa de la advocación mariana, que es considerada la patrona de México.

Pero, además, a las 6:30 horas de aquel 12 de diciembre de 1531, el satélite natural de la Tierra se encontraba en fase creciente de 4 días de edad; su silueta luminosa semejaba unos cuernos sobre los que la imagen de La Morenita del Tepeyac está de pie, exactamente como en el espacio se alineaban las constelaciones: Géminis arriba, Virgo abajo y, en el “calce”, la Luna.

Para entonces, la Tierra tenía una inclinación de 23° 05′ (23 grados, 5 minutos), la misma que tiene el imborrable rostro de Guadalupe en la “pintura” celestial, recuerda Salazar Gamboa.

El también catedrático del Instituto Tecnológico de Mërida (ITM) recuerda que existen otras coincidencias astronómicas en aquel trascendental día para la vida social y religiosa del México virreinal: el Sol estaba arriba de Virgo y en la bóveda celeste aparecía Spika, la estrella más brillante de esa constelación, asociada con Jesucristo.

Cuándo y a qué hora es la lluvia de estrellas

Como ya hemos comentado en textos anteriores, los mejores días -más bien noches- de las gemínidas son entre el 11 y 13 de diciembre; aunque se prevé que el 14 también sea un día extraordinario para admirarla.

Aunque los destellos pueden osbservarse desde que el cielo oscurece, como en esta ocasión la Luna tendrá un brillo intenso, las horas de la madrugada serán sin duda las más “claras” para “atrapar” a las gemínidas.

En este caso es necesario que acudas a un lugar apartado de la luz citadina para evitar la contaminación lumínica; además de que lo que consideres necesario para “acampar” en un sitio apartado, es mejor que acudas acompañado, por seguridad, y porque varios ojos son mejor que un par.

Al llegar al sitio escogido, es importante que apagues cualquier fuente de luz -no es recomendable ni siquiera una fogata- unos 15 minutos antes para que tus ojos puedan acostumbrarse al bajo nivel de iluminación y mirar hacia diferentes sitios de la bóveda celeste para encontrar las luces en el cielo.

Esta lluvia de estrellas es de la más copiosas y en sus mejores momentos pueden verse hasta 100 meteoros cada hora, así que mantente muy despierto y atento para disfrutarla.